Una de las alucinaciones más habituales entre ellos es la separación absoluta de la mente y el cuerpo. Perciben su cuerpo como extraño, demasiado grande o demasiado pequeño para ajustarse a sus cabezas. En cierto sentido, han conseguido la sabiduría perfecta, superado el miedo más antiguo, el miedo a la muerte: escuchan sus propios latidos como si, de detenerse el corazón, pudieran finalmente dejar de escucharlo y empezar a hacer otra cosa, liberados del cansado oficio de vivir. Dora García
El tiempo que me queda es un tiempo de renuncias progresivas a cosas que cada vez son más vitales, más básicas. Tengo un poco de suerte de que todo ya me ha ido sucediendo sin darme cuenta, es decir, el día que decidí que dejaba de conducir ni siquiera era consciente de que realmente no volvería a conducir más. Entonces estás aceptando una cosa que ya ha sucedido y no te vas a poder rebelar. [...] A todos nos lo quitarán todo, no nos llevaremos nada. Dejaremos hecho para los demás nuestra única forma de trascendencia. Carlos Cristos en Las alas de la vida, Toni Canet
como voz de la ciencia, en Las alas de la vida, José M. Piñero acude al cine de Bergman afirmando: "no tenemos ninguna explicación seria [...] acerca de la vivencia de la muerte."
En El séptimo sello, el caballero y la Muerte representan los términos últimos de la vida y el tránsito, al confesar el primero al segundo: "El vacío es el espejo de mi rostro". El motivo antiguo de la máscara profundiza, evidentemente, en las mismas cuestiones, concentrándolas en lo que acapara el espejo al ocupar un lugar privilegiado en el cine de Bergman: el rostro. Máscara o rostro es la misma piel la que oculta y revela a la vez la misma composición artificial de la ilusión artística, de la tragicomedia social y del ser en tanto adopta su forma ante sí mismo y ante los demás. Su pérdida o, al contrario, la imposibilidad de cambiar nos hacen ingresar, en Bergman, en el dominio del pavor indecible, evocando este terrible pensamiento del filósofo Gilles Deleuze: "El cine de Bergman puede encontrar su finalidad en la desaparición de los rostros" (La imagen-movimiento)
Jacques Mandelbaum, Ingman Bergman, Epílogo, "El espejo, la máscara y la muerte"
Antes pensaba que la propia muerte no duele, que duele la muerte de los demás, de la gente que quieras. Sin embargo, ahora sé que no es cierto, mi muerte me duele por vosotros y también por mí, no veros nunca más, no abrazaros jamás. Me doy cuenta de que morir es lo que pierdes, perderlo todo, definitivamente. Perder incluso lo que nunca has tenido. Las cosas que se deberían haber hecho, y ya no habrá tiempo de hacer. Dulce Chacón, Blanca vuela mañana
el tacto de la proximidad al enfermo todavía es un cartón con forma de billete: otro fin de semana apilado en la distancia; los mismos sentimientos, las mismas sensaciones de Mi vida sin mí se repiten al ver Las alas de la vida desapareciendo diferencias entre las maneras de ambas y su mayor o menor dosis de ficción: se desborda la angustia acumulada durante meses mientras suena la lluvia tras los cristales
La metafísica cuestión de para qué debería servir la televisión pública se me aclara cuando observo que el programa Versión española proyecta esta epopeya intimista, este complejo retrato de una enfermedad degenerativa, del sufrimiento y de la pegajosa cercanía de la muerte, que, paradójicamente, a mí me inyecta vida, me regala toda la gama de sensaciones que más amo en el cine. O sea: la emoción, el miedo, la épica, la angustia, la sonrisa. La lucha del que está condenado por sobrevivir, su aprendizaje de un lenguaje físico y oral que le permita seguir comunicándose con el mundo, sus recuerdos, su acojone, su esperanza, su capacidad para disfrutar de todo lo que le permite su trágica condición, su forma de relacionarse con los demás, su enfrentamiento a ese monstruo que le está devorando, sus opiniones sobre personajes y las cosas, está plasmado de forma magistral. Y te enamoras de este tío, le comprendes, le admiras, te coloca un nudo en la garganta. Carlos Boyero, "Supervivencia"
La tesis de partida de este libro, pero también de gran parte de la obra de este autor, es que la filosofía, al contrario de lo que pensaba la tradición aristotélica, no nace del asombro ante las maravillas del mundo, sino del desencanto ante la imposibilidad de comprender la muerte. No comienza con la sorpresa sino con la decepción ante la muerte, que es precisamente el origen de la filosofía y el conocimiento. Miguel Á. Hernández-Navarro, no(ha)lugar, En un mundo sin melancolía los ruiseñores se pondrían a eructar (E. M. Cioran)
Ese color, el blanco, es a un tiempo el color de la ausencia y la ausencia de color. Las saturaciones de blanco que inundan la obra de Bergman son en este sentido a la imagen lo que el silencio es a la palabra en sus filmes, una respuesta radical a las agotadoras y falaces ilusiones de una y otra, una profunda tentación del vacío, un nihilismo audiovisual, una manifestación unas veces deslumbrante, otras insidiosa, del trabajo de la muerte en la palpitante y refulgente monserga de la vida. Jacques Mandelbaum, Ingman Bergman, Epílogo, "El espejo, la máscara y la muerte"
| 2012-09-26 21:41:26_ It was an excellent effort made by you through your nice piece of writing with linkwheel, holding the quality and knowledge together for the readers. For more click here. | |||||
|
|

